Mar, 03 06 2025

Joaquín Martínez, estudiante de Comunicación: del aula al Festival de Cinemateca

Tu historia y tu vocación 

¿Cuándo te diste cuenta de que lo tuyo era lo audiovisual? 

Durante bachillerato. Siempre me interesó crear, sobre todo imágenes, sacar fotos con el celular, filmar videos, etc. Estaba cursando quinto científico cuando me adentré de lleno a ver películas e ir al cine. Ahí fue cuando pensé por primera vez en la idea de dedicarme al audiovisual, principalmente al cine.

¿Por qué decidiste estudiar Comunicación? 

Me interesaba tener una gama amplia de conocimientos. Entendí que una formación diversa era fundamental para crear. No me interesaba desarrollar únicamente conocimientos técnicos, sino formar el pensamiento y la mirada más allá de una disciplina en particular, con una formación que se nutriera de distintas perspectivas.

Del interior a Montevideo 

¿Qué sentiste los primeros días al llegar a Montevideo? ¿Cómo fue adaptarte a la ciudad, a la vida universitaria? 

Confuso. Siempre me encantó Montevideo y, en comparación con Rocha, la ciudad de donde venía, me parecía un lugar con mucha más proyección artística y laboral. Sin embargo, también llegué con mucho miedo, principalmente por un prejuicio, que después descubrí que era falso, de que, por venir de Rocha, iba a tener una formación académica inferior a la de los estudiantes de Montevideo. Cuando llegué, me di cuenta de que no era así. Por otro lado, sentí un gran choque con el ritmo de vida, que al principio me impactó, pero después de unos meses me acostumbré sin problema.

¿Qué desafíos tuviste como estudiante del interior y cómo los fuiste superando? 

Diría que fueron desafíos más personales. Estar lejos de mi familia, sin duda, fue un cambio grande. Con los planes, las actividades y el trabajo, viajar hasta allá se me hacía cada vez más difícil, y la distancia, por momentos, se siente. Pero, como todo, uno se adapta. 

¿Creés que venir de Rocha te da una mirada distinta a la hora de crear historias o pensar tus proyectos? 

Sí, sin duda. Pero desde varios aspectos. Por un lado, venir de Rocha me permitió conocer realidades, estilos de vida e historias muy distintas, porque es un departamento con una población muy diversa. Por otro lado, nunca me sentí completamente de un solo lugar. Nací en Montevideo, me mudé varias veces, y al terminar la primaria me fui a vivir a Rocha. Eso hizo que no me sintiera del todo montevideano ni del todo rochense, lo que me dio una mirada un poco más externa sobre ambas formas de vivir. A veces romantizo la tranquilidad y sensibilidad de Rocha, y otras veces, el ritmo y la intensidad de Montevideo. Creo que ese contraste me ayudó a tener una perspectiva distinta a la hora de pensar y contar historias.

Hacer, crear, aprovechar 

Sos de los que realmente aprovechan todo lo que ofrece la universidad. ¿Cómo crees que la disponibilidad de recursos de la universidad te ayuda a desarrollar tus proyectos? 

Sí. En mis primeros años me anotaba a todo lo que podía y pasaba todo el día en la universidad. Creo que aproveché lo más que pude la experiencia universitaria, y se lo recomiendo a todos.

Desde un lado más técnico, el Centro Ignis siempre fue una enorme ayuda. Para los ejercicios de clase, siempre sacaba todo el equipamiento posible, aunque no fuera del todo necesario: lentes, luces, cámaras, filtros, micrófonos, grabadoras de sonido, lo que sea. Cada instancia de retirar equipos la tomaba como una instancia de aprendizaje y una oportunidad para desarrollar mis conocimientos técnicos. Por otro lado, Ignis Convoca, el programa de apoyo audiovisual de la universidad, fue un pilar técnico muy importante para mis proyectos audiovisuales.

¿Alguna vez pensaste: “esto que estoy haciendo ahora, no lo hubiera logrado sin la formación de UCU”? 

Sin dudas. Durante la carrera conocí a la mayoría de las personas con las que trabajo hoy, entre ellas Juan Pablo Gardella, con quien codirigí los cortos Pascualina y Paulino, y también los videoclips Poppy y Noche. La universidad también me permitió conocer profesores que admiro mucho y que me guiaron y aconsejaron a lo largo del camino, funcionando como mentores en mi desarrollo profesional.

Paulino y el salto al Festival 

¿Cómo nació Paulino? ¿De dónde vino la idea? 

Después de terminar el curso de guion de segundo año, me quedé con ganas de escribir algo por mi cuenta. Durante el receso empecé a esbozar al personaje de Paulino, sin una historia concreta, solo quién era, dónde vivía, cómo era su familia. A partir de eso, fui construyendo un universo que me interesaba explorar. Unos meses después, en un curso nos pidieron presentar una idea para un guion que íbamos a filmar como proyecto de tercero. Ahí le conté la idea a Juan Pablo y, a partir del personaje y ese universo, empezamos a desarrollar una historia que, con el tiempo, la ayuda de profesores y más compañeros, se convirtió en el guion de Paulino.

¿Qué quisiste contar con ese cortometraje? 

Hay muchas cosas que muestra el corto. Lo principal, te diría, es crecer. Esa mirada, un tanto nostálgica, del verano tan típico uruguayo, cuando era chico, durante las fiestas. Pasar Navidad en familia, las tardes de no hacer nada, el olor a humedad de una casa de playa, las cosas viejas, los fuegos artificiales, todo ese universo. El vínculo con la madre también es importante: crecer y entender a tu familia de forma diferente. Son muchas cosas, pero tampoco quiero llenarlo con mi búsqueda o lectura. También intentamos darle espacio al espectador para que complete, para que se identifique con lo que quiera. Hay muchas frases, objetos, ambientes o acciones mínimas que abren las puertas a este universo que comenté anteriormente.

¿Cómo viviste la noticia de que Paulino había sido seleccionado entre los mejores del Festival de Cinemateca? 

Hermoso. No lo esperábamos para nada, fue una sorpresa. El corto había quedado en reposo. Todavía quedaban cosas para pulir, y Francesca Donangello, la productora, nos impulsó a enviarlo al festival, aunque todavía estuviera sin terminar. Meses después, nos llega un mail. Hubo sentimientos encontrados, porque por un lado sentí alegría total, pero por otro, teníamos una semana para terminarlo y enviarlo completo. Así que, durante una semana, a principios de marzo, nos internamos los tres —Fran, Juampi y yo— a terminar todo lo que quedaba para poder enviarlo a tiempo. Pero al final de la semana, sacando todo el estrés del momento, sentimos un orgullo y una felicidad enorme.

 

¿Qué sentís que aprendiste con ese proceso, más allá del reconocimiento? 

Muchas cosas. Fue nuestro primer corto con pretensiones y un método más “serio”. Antes habíamos hecho un par de rodajes, pero muy chicos. Con Paulino nos enfrentamos por primera vez a un equipo grande, de unas 12 personas, más los actores y otras personas que se sumaban a dar una mano en alguna jornada puntual. También fue la primera vez que trabajamos con un presupuesto real, que tuvimos que salir a buscar. Tuvimos que hablar con actores, reunirnos, organizar todo. Pero, sobre todo, desde dirección, trabajé mucho en lo que tiene que ver con lo humano, con lo grupal. Para mí, desde dirección es clave conectar las áreas, lograr que todos se sientan cómodos, escuchados y valorados, mantener el respeto, las buenas energías y, sobre todo, la pasión por el proyecto.

Todo eso, aunque suene simple, en un grupo tan grande y con tiempos tan ajustados, termina siendo difícil. Como director es fácil caer —y creo que nos pasa a muchos— en esta idea de querer mantener el control. Como estás un poco en cada área, te pica el bicho perfeccionista y controlador, pero aprendí y sigo trabajando la idea de que el control siempre se va a perder. Si intentás mantenerlo a rajatabla, te volvés loco. El rodaje es incontrolable, hay errores e imprevistos constantes, y cuando eso pasa hay que intentar volver a ese punto de conexión, de buena comunicación, respeto, valoración y escucha.

Proyección y lo que viene 

¿Qué te imaginás haciendo cuando termines la carrera? 

Tengo varias ideas, pero todavía son bastante amplias. El tiempo dirá. Me gustaría seguir desarrollando mi proyecto personal como director, haciendo cortos, videoclips u otros proyectos audiovisuales, o incluso trabajando como fotógrafo, montajista o en algún rol vinculado a la imagen. Pero, en paralelo, también me interesa encarar algo más amplio. Hay varias líneas que me gustaría explorar. La música, por ejemplo, me interesa mucho. Tengo amigos músicos y ya me acerqué un poco a ese mundo a través de los videoclips, pero siento que el mundo cultural es enorme, y todavía me queda mucho mar para zambullirme.

¿Hay algún proyecto personal o sueño que te gustaría concretar en el mundo audiovisual? 

Hace un tiempo vengo desarrollando, muy de a poco, un proyecto personal que me entusiasma mucho. Por ahora es algo bastante ambicioso y prematuro, así que sé que todavía necesita tiempo. Es un proyecto que se va a cocinar lento, y me gusta que sea así. Todavía no me siento preparado para encararlo, pero eso me entusiasma a seguir desarrollándolo y desarrollándome. Espero poder concretarlo en algún momento.

¿Sentís que hoy estás preparado para dar ese salto gracias a tu paso por la universidad? 

Como dije, todavía no me siento del todo preparado para encarar ese proyecto, pero sin duda la universidad me dio herramientas para poder empezarlo, y eso ya es muchísimo. Lo que me falta va más por el lado de la experiencia, no solo laboral, sino también de vida.

Tu mensaje para futuros estudiantes 

¿Qué consejo le darías a alguien que empieza la carrera y no sabe por dónde arrancar para sacarle el jugo a todo? 

Cada persona vive la carrera a su manera, pero desde mi experiencia, lo más importante es la curiosidad. Animarse a probar, a preguntar, a pedir ayuda, a hablar con profesores y, sobre todo, a conocer gente. También me parece importante tratar de enfrentarse a la incomodidad de no saber, o al menos intentarlo. Nunca sabés bien por dónde arrancar, y aunque está bueno pararse a mirar y planear, lo principal es moverse. En el camino vas encontrando por dónde seguir, y si no, de última, volvés para atrás. Al menos así intento pensarlo hasta el día de hoy, porque el miedo siempre surge, y la tendencia a quedarse quieto y seguro —por lo menos yo— siempre la tengo. Pero a lo que voy es que está bueno aceptar esa incomodidad, porque es parte del proceso. Arrancar una carrera nueva, aceptar un primer trabajo, empezar un proyecto nuevo... Supongo que la incomodidad siempre va a estar, pero supongo que es bueno que esté, porque la incomodidad siempre es lugar de crecimiento.

Comunicación y Cine
2025-06-03T17:06:00

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